Días Que No Tendrían Que Haber Existido

A veces tengo la sensación de que determinados días no tendrían que haber existido. Y hoy es uno de ellos.
Me miro a mí misma y ni siquiera me reconozco. Mis ojos se pierden fijamente tras la ventana de un tren que dibuja un mar tranquilo. Y al ver esa calma azulada, mi mirada busca más respuestas a mi vida preguntando a un horizonte que nunca llega.
Estoy huyendo hacia ningún lugar. En el fondo es eso. Y lo que más me desconcierta es que hace mucho que lo sé.
Llevo tiempo dándole vueltas a lo mismo; es decir, a nada en concreto. Es como si pretendiera encontrar un sentido a mi vida; un sentido que ni yo misma logro adivinar.
Tengo miles de planes, de sueños... que nunca llegaré a intentar. Me hago cientos que preguntas que probablemente nunca llegaré a responderme. Y si lo hago, puede que sea demasiado tarde. No sé exactamente quien soy, ni qué hago aquí, ni para qué vine. Dicen que todos tenemos una misión, y es por eso que nacemos. Yo todavía desconozco que vine a hacer aquí. ¿Crisis de intentidad? Pse... Indiferencia.
Nada me motiva. Nada consigue que deje de imaginarme un futuro negro y dibuje en el lienzo de mis pensamientos, colores... Muchos colores. Porque ahora mismo todo es como una película antigua: borrosa, sin voz, y... apagada, en blanco y negro.
Dicen, también, que existe la crisis del cuarto de siglo... Aunque aún me quedan unos años para alcanzar los 25, no descartaría esta opción. Llega un momento en el que te planteas tu vida, ves que no lleva a ninguna parte, que lo esencial lo conservas -y con mucha suerte-, pero que aquello con lo que soñabas aquel día en el que empezaste a razonar, no existe. No era más que una fantasía que creaste para darte cuenta de que merecía la pena llegar al "futuro". Un futuro que, paradógicamente, nunca atrapamos. Como ya dije una vez, el tiempo siempre nos gana. Juega con nosotros a su antojo. El decide que hacer a cada instante con lo único que poseemos: nuestra vida.
Si es que al final, como dice una de mis canciones favoritas, "naces y vives solo". Nadie te acompaña en ese momento. Y talvez sea esa la respuesta a todas mis preguntas: NADA. SILENCIO. Eso es la vida en general; todo y nada. Ya que una vez se esfuma, sólo queda en los recuerdos de aquellos que en su día perecerán. Y así iremos siguiendo. Con unas letras que, como de costumbre, no me llevan a ninguna parte, y que seguramente morirán en estas líneas. Pero el mar me devuelve de nuevo a mi sillón del tren. Y me doy cuenta que el inmenso océano, nunca morirá. Al menos no su esencia.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Un relato muy muy muy bueno y emotivo, completamente identificado.


Reincidente.

ana villegas dijo...

exelente.... como ke todos en alguna etapa de nuestra vida pasamos por algo asi asi ke me identifico mucho asi es como me siento

Anónimo dijo...

Me ha gustado el relato es como me siento, lo expresa bastante bien.