30 noviembre 2011

Ahora




El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. He aquí por qué se nos escapa el presente.- Gustave Flaubert, escritor francés.

Dijo John Lennon que que Algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora. En realidad, la inmensa mayoría hacemos eso: pasamos la mayor parte de nuestro tiempo recordando el pasado y haciendo planes de futuro, olvidando que la magia de la vida está en el presente.

Damos demasiada importancia al ayer. Nos centramos en viejos recuerdos que no queremos olvidar; en historias que nos hicieron sufrir; en personas que un día tuvimos cerca; en los años de escuela, instituto o universidad; en nuestro primer -y a veces único- amor; en amigos a quienes perdimos la pista; en qué hubiera pasado si hubiésemos escogido otro camino, si nos hubiéramos dejado llevar por nuestro instinto, si en lugar de un 'no' hubiésemos dicho un 'sí'... Sin darnos cuenta, gastamos parte de nuestro presente pensando en el pasado.

Pero para contrarrestarlo, existe el futuro. Así que también optamos para dedicar nuestro presente a pensar en lo que haremos más adelante. Y, por supuesto, no nos faltan ideas: más adelante estudiaremos una nueva carrera; aprenderemos inglés, alemán, chino o ruso; escribiremos un libro; llamaremos a ese amigo/a de hace años; nos cuidaremos más, comeremos mejor y haremos algo de ejercicio; viajaremos a la India, New York o Kenia; nos compraremos una casa mejor, un coche mejor, y todo eso trabajando más y mejor... Y como tenemos tan claro lo que haremos en el futuro, dejamos pasar el presente tranquilamente porque lo que nos importa de verdad es lo que está por llegar. Ya lo haremos más adelante. Pero, por supuesto, nunca llegará el momento ideal mientras nuestro principal actividad sea sentarnos a esperar.

Nuestro principal problema es que lo dejamos todo para más adelante, sin darnos cuenta que el futuro siempre será futuro, igual que el pasado ya es parte del ayer. Así que el único momento que de verdad existe, que de verdad influye en nosotros, es el presente. El ahora. Porque es ahora cuando podemos decidir qué hacer con nuestra vida y, por tanto, marcarnos metas y ponernos en el punto de partida. Es ahora cuando podemos empezar a comer mejor, llamar a esa amiga, empezar a fijarnos cuál es la casa de nuestros sueños, organizar ese viaje, decirle a esa persona cuánto la queremos y cuánto nos ha importado siempre...

Soñar está muy bien; es más, bajo mi punto de vista es necesario para saber que si nuestra mente lo imagina nosotros lo podemos alcanzar, pero no hay que soñar pensando que todo llegará solo. Porque los sueños solo sirven si detrás de ellos hay alguien dispuesto a cumplirlos. Y, para ello, hay que aprender del pasado como lo que es, y aprovechar cada segundo del presente para que cuando pensemos en el futuro lo que nos quede por desear ya esté en marcha ahora. Porque las grandes elecciones se toman ahora, los grandes planes de toman ahora, y nuestra vida solo existe ahora. Así ahora es un buen momento para aprovechar esa oportunidad y empezar a andar hacia nuestras metas.

22 noviembre 2011

Piensa en positivo





Levantarnos de mal humor no nos supone ningún esfuerzo. Es más, resulta hasta sencillo. Si tenemos un mal día, todo lo acusamos a eso: si contestamos mal a alguien, es porque tenemos un mal día; si nos enfadamos, es culpa del mal humor; si nos irritamos innecesariamente, es porque nos hemos levantado con el pie izquierdo.


Es muy fácil quejarse, lamentarse, vivir con el pesimismo como filosofía de vida, y echarle la culpa a lo que sea menos a nosotros. Y es fácil también irritarse a las primeras de cambio, herir a alguien que no se lo merece simplemente porque algo no nos ha salido bien,  pensar que somos unos fracasados porque un par de veces las cosas no han ido como esperábamos. Creemos que no podemos ser lo que queramos solo porque no luchamos por ello. Es muy fácil ser negativo, pesimista, y un fracasado ante nuestros ojos. Es lo que menos esfuerzo nos supone... Así que debe ser lo mejor. Pues no. Primer error. La mayoría de nosotros somos pesimistas porque lo hemos convertido un hábito sencillo de cumplir.

Estar de mal humor parece más fácil que sacar una sonrisa en los momentos bajos. Lamentarse parece la opción ideal para evitar aprender de los errores. Y decir que nosotros no podemos aspirar a más, es una forma rápida de cortarnos las alas que nos permiten recorrer el camino hacia nuestros sueños. 

Pero aún hay algo más fácil que eso: algo mucho más eficaz y enriquecedor que muchas veces ni siquiera tenemos en cuenta, y que en cambio hace que la vida se pinte de colores. Existe algo que posee la suficiente magia como para que cada uno de nosotros creamos que tenemos la fuerza suficiente para conseguir todo aquello que queremos. Ese algo se llama optimismo, y está demostrado que quienes lo ponen en práctica gozan de más salud y viven una media de diez años más que el resto.

Levantarse con una sonrisa, tomarse un buen té mirando el mar o las montañas, pasear bajo el sol, quedar con un amigo para ponernos al día de nuestras vidas, hacer una lista de sueños por cumplir, disfrutar del trabajo pendiente como algo que nos hace mejores, hacer planes sin autoimponernos límites... Nuestra vida puede empezar a cambiar para mejor con cualquiera de estos gestos. El optimismo es más que una actitud; es un estilo de vida. Y sonreír más no solo nos hace más felices, sino que mejoramos la vida de los que nos rodean. Menos enfados y más sonrisas. Menos problemas y más soluciones. Menos mal humor y más optimismo. Porque sin optimismo no habría esperanza, ni objetivos que alcanzar, ni nada por lo que luchar. Y sí, los optimistas viven más... Pero también viven mejor.

Todos somos capaces de conseguir lo que nos propongamos. Los sentimentales les llaman sueños; los racionales, objetivos. Podéis ponerle el nombre que queráis, pero todo aquello que deseamos podemos tenerlo si damos el primer paso: creer en nosotros mismos, y levantarnos si caemos. Y para eso, hace falta ser positivo. Porque la vida, de colores, se ve mucho mejor.


16 noviembre 2011

Volver

Es curioso como cambian los sentimientos con el paso del tiempo. Día a día los moldeamos continuamente sin darnos cuenta, hasta que pasan los años y al echar la vista atrás el cambio es abismal. Lo digo por experiencia. Y para muestra, este blog.

Empecé esta página hace seis años con la intención de usarlo como diario... Y con el paso del tiempo me di cuenta de que era algo mucho más grande que eso: ayudaba a muchísima gente que se sentía identificada con lo que escribía. Recibía decenas de emails a diario. Empezaron a llegar comentarios a las entradas. Tenía visitas de todas las partes del mundo... Y detrás de cada click había gente: personas que sufrieron algún tipo de desamor, personas que se encontraban perdidas, personas que ansiaban encontrar lo que andaban tiempo buscando... Y entonces, justo cuando todo empezaba a crecer, dejé de escribir.

Sin más, cerré la ventana que me acercaba a todos vosotros; la ventana que comunicaba lo que no contaba a nadie, con gente dispuesta a escuchar. Mucho han cambiado las cosas desde entonces. Ha llovido mucho desde que inauguré este pequeño rincón... Y lo echaba de menos. Echaba en falta desahogarme a través de las letras, regar mi pequeño jardín, abrir la ventana y dejar entrar el aire fresco. Así que porque lo necesito y se lo debo a todos quienes un día fueron parte de esto, vuelvo. Así, sin más. Renovada, crecida como persona, y con más experiencia ante la vida. Vuelvo aunque en realidad creo que nunca me fui. Bienvenid@s a esta nueva etapa.


11 mayo 2009

Sueño, sueñas, sueña...

Leí hace poco que existir es un hecho, pero vivir es un arte. No podría estar más de acuerdo. Desde que naces existes, pero eres tú quien hace de tu vida un arte; el resultado de tus sueños; la meta de tus objetivos; el lugar donde uno siempre ha deseado vivir.

Por eso yo suelo usar dos palabras como una sola: vivir y soñar. La diferencia entre existir y vivir ya la sabemos pero... ¿cuál es la diferencia entre los sueños y los deseos? Los sueños son los que muchas veces nos mantienen vivos, con las manos aferradas a la esperanza, con la idea que conseguir aquello que deseamos. Los deseos pueden ser muy intensos, pero a menudo se pierden por el camino... Uno desea muchas cosas pero después del 'fracaso' inicial desiste de ellas. En cambio, aquellos que sueñan saben que es posible llegar a la meta. Saben que sólo depende de ellos llegar a tener la vida que imaginan.

Últimamente le doy vueltas a estos cuatro conceptos. Existir, vivir, soñar, desear... Simplemente, desde que existo, sueño con vivir una vida llena de deseos. Si deseara una vida llena de sueños abandonaría a medio camino. Así que, mientras nadie diga lo contrario, los sueños están para cumplirlos. Y las derrotas, para aprender de ellas. Los obtáculos, para hacernos más fuertes. Y las dudas, para pensar mejor qué camino debemos tomar. La vida forma parte de los sueños de cada uno. O los sueños son parte de la vida, depende como se mire. La existencia es algo que no hemos elegido, así que ya que la tenemos, ¿por qué no aprovecharla llenándola de sueños que talvez algún día dejen de serlo?

28 octubre 2008

Entre diamantes estoy...



Hoy es un día de esos de la cama infinita, y el café oxidado de ayer
Restos de una cena, una botella vacía y una nota en el mantel...

Como siempre, inolvidable
Otra noche tan bonita como tú

Lleno la bañera de mentiras y halagos, y sumerjo mi ansiedad
Siento el cosquilleo de la espuma en mis brazos y sonrío hasta llorar

Como siempre, inolvidable
Otro noche tan bonita como tú

Dormiré entre diamantes para desayunar
Siempre sola, tan sola,
que el silencio es ahora un buen amante para escuchar

Dos vueltas de llave me separan del mundo...
pero no sé a qué lado girar.
Abro la ventana que me invita al silencio, mi paisaje emocional

Como siempre, inolvidable
Otra noche tan bonita como tú

Dormiré entre diamantes para desayunar
Siempre sola tan sola que el silencio es ahora un buen amante para escuchar

Mi sonrisa era inmensa y mi mirada sincera
Y ahora ya no sé quién soy. Tengo el corazón anestesiado

Dormiré entre diamantes para desayunar
Siempre sola tan sola que el silencio es ahora
un buen amante para escuchar

Gotas de agua tristeza y un poquito de sal para mis penas de princesa
Cuando lloran las flores brillan de un modo especial

Como siempre inolvidable
Otra noche tan bonita y tan triste como yo...

13 junio 2008

Sensaciones

'Las siete y cuarto, el zumo estaba amargo, igual que las noticias de la radio. Doy dos caladas al último cigarro y ya... Que se rompan las barreras del sonido, y que no se escuche nada, porque sobran las palabras que decirnos'. (Amaral. La barrera del sonido)

Sentir. Esas seis letras que parecen multiplicar por mil las sensaciones. Esos cosquilleos inevitables. Esas miradas que buscan perderse en la nada para ocultar lo evidente. Y esas sonrisas que, lejos que ser forzadas, no son más que la voz del alma que sin hablar dice todo lo que siente.

Miedo. Esa barrera tan ligada al deseo que impide que las miradas tengan más intensidad de la que deberían. Esa necesidad por ocultar una sensación que desearías compartir con cualquier persona. Esas ganas de gritarle al mundo que te sientes distinto/a. Pero a veces, callar es más sencillo y, en ocasiones, más ético.

Pensar. Es lo que me frena a menudo de sentir lo que no debería. Es la parte que me aporta la integridad que necesito para no desear lo que no tengo. Para apartar ciertas hipótesis de mi mente.

Amar. Paradójicamente, todo se reduce a eso. Cinco letras con un solo significado y mil sentimientos distintos. Pero amar no es fácil. Cuesta, duele y, frecuentemente, no entiende de razones. Pero llena. Y mucho.

Escapar. En ocasiones me gustaría irme lejos. Perderme en cualquier espacio a cientos de millas de aquí. Nueva York para sentirme todo y nada. Para disiparme entre la esencia, la inmensidad y frialdad de sus calles. Para encontrarme a mí misma. Japón me iría bien para ser yo la diferente. India, Londres, Islandia. No me importa el lugar. Me perdería en cualquier rincón del mundo.

Talvez sólo entonces podría encontrar donde está el nexo entre el sentimiento y la razón. Y talvez entendería que, sin sentir, difícilmente pensaría en el miedo que siento al amar a alguien. Sí. Porque a veces sólo cuando escapas te das cuenta del miedo que sientes. De que huyes, muchas veces, porque quieres sentir distinto. Porque temes que lo que haya en la vuelta de la esquina no te acabe de convencer. Y, por supuesto es más fácil pensar en huir que afrontar que los sentimientos van cambiando.

09 junio 2008

Top 5... Y Vuelta a Empezar



Antes de volver a actualizar, os dejo los 5 posts más leídos. Cuando hago un repaso a todo lo que en este tiempo he llegado a escribir... me parece incluso imposible!!
Gracias a todos por vuestros mails... Me animaron a volver a escribir!

- Besos
- La Visita de la Tristeza
- Días Que No Tendrían Que Haber Existido
- Tentación
- Día de Lluvia