LE[E]S


Supongo que está revista no os sonará... A mi tampoco me sonaría, si no fuera porque es mi proyecto de final de carrera. Sí, he decidido crear una revista para lesbianas de toda España, ya que no hay ninguna publicación escrita que cubra las necesidades de chicas que aman a otras chicas.
En principio se trata precisamente de eso, de un "proyecto", pero cabe la posibilidad de hacerla real si funciona la maqueta. Hace alrededor de dos años nació la llamada Femme Fatale, una revista que cubría las mismas necesidades de las que cubrirá LE[E]S, pero que desapareció por razones que desconozco.
Agradecería qualquier comentario acerca de alguna sección o información que se os ocurriera que podría ser interesante de publicar. Sin duda, os enseñaré el número completo aquí mismo en cuanto la termine.


Pero éste era tan sólo el punto de partida, y aprovecho ya de paso, para alzar la voz en esa falta de libertad que el colectivo homosexual sufre. Poco a poco se evoluciona, pero queda mucho por hacer. La revista, si más no, intentará establecer un primer paso. Pero todos tienen que poner de su parte.


Salu2

Mi Primer Premio



Hace cerca de un mes, me apunté a un concurso de blogs. Más que nada por ilusión. Por la ilusión que la gente opinara sobre mi pequeño espacio: éste rincón que, desde hace 7 meses, es también vuestro rincón.
Escribo por diversión, por mi pasión por las letras. Y, por qué negarlo, porque me gusta que la gente lea mis cosas y se sienta partícipe de ellas.
En fin, ya basta de rodeos. Aquí está mi primer premio por el blog :D Gracias a mi@ y el foro skindario ha sido posible. Y gracias a la gente que me votó. Jamás esperaba ganar, y menos aún el Premio Al Blog Más Popular de entre todos los que participaron.
Gracias a todos. Y gracias también a todos los que me leen, en especial a Leila, Cristi e Ignacio. Sé que me lee mucha más gente, pero sin esos comentarios que recibo, nada sería igual ;) Ah! y gracias también a Karola, porque sin ese fantástico blog que tiene, yo no sabría ni la mitad de lo que sé sobre el "maldito" html.
En fin, este premio no es sólo mío, es también -y sobretodo- vuestro, de todos los que me léeis. Y ya por último, gracias de nuevo a miarroba, ya que sin esta "peaso web", nada de ésto estaría pasando :P
Ala, basta de discursitos por hoy y... hasta la próxima ;)

Encadenada a La Vida

¿Quién, alguna vez, no se ha sentido libre por momentos? ¿Quién no ha saboreado esa autonomía que parecía degustar con cierto aire de exclusividad? Nada más que la metáfora de lo irreal. La sombra que se esconde tras la libertad no es más que una cadena, aquella que te encadena a la vida. Que te ata fuertemente para que te siga imposible huir, ir por libre.

La vida está hecha para los valientes, pero esa valentía no la puedes sacar a flote si quieres seguir siendo aceptado por los demás encadenados. La vida no es significado, la vida es deseo, deseo de ser libre y quitarte la soga que te oprime. En la vida todo vale, pero ese acuerdo imaginario del que te quieren hacer partícipe no es más que una advertencia que te invita a no tomar esas palabras al pie de la letra. No vale todo, ni mucho menos. Es más, sólo se te permite a aspirar al espacio máximo que haya entre tu cadena y tú. Esa cadena que te amarra a la vida es más extensa en unos que en otros, pero al fin y al cabo la advertencia que lleva escrita es la misma: sigue el camino que ya tienes trazado. Por el que ya han pasado cientos de personas antes. Por el que tan sólo serás uno más. Sí… Sigue por ahí. Verás las marcas en el suelo de aquellos que perecieron antes que tú. Y ni se te ocurra desviarte del camino. Sé como todos. Como se te ocurra ser diferente…… ¡verás! ¿Y en que punto aparece aquí la libertad? En ninguno. Porque es gradual. Por no decir que se trata de un suspiro de una sensación que todos deseamos pero que jamás llegaremos a tener.

La libertad es uno de esos derechos básicos del ser humano que ocupa líneas y líneas en la Norma Madre, la Constitución, pero también es uno de los muchos que son ficticios. Está porque tiene que estar. Porque es políticamente correcto. No porque exista. Y es que la libertad, como muchos de los derechos (in)existentes, no es más que algo relativo. Algo que cada cuál lo amolda a sus pensamientos y, en definitiva, a su vida. Uno es tan libre como el espacio que existe entre el mismo ser y la prohibición. Y este espacio no suele ser demasiado grande precisamente.

No puedo vivir como quiero, no puedo gritar al mundo lo que me apetece, no puedo hacerme escuchar por alguien que es tan libre que no se permite réplica. No puedo trazar un camino virgen. Existe tal segmentación entre “los que son más y los que son menos”, que lo único que se consigue es aumentar esa falta de libertad. Y no puedo. No puedo seguir mi ritmo. Tengo que seguir el que me marca la sociedad, ésa a la que quieren hacer sentir libre los mismos que camuflan en ideas democráticas esa libertad artificial. No puedo ser feliz. Y no puedo serlo porque no soy libre. Y como no soy libre, tengo que conformarme con esos cimientos ya trazados referentes a la felicidad. Cada cuál que la construya y la perciba como quiera. Yo no tengo otro remedio que compartirla con mi soga, esa que me prohíbe incluso respirar. De todas maneras, la soga no es más que otra metáfora que no se tarda en descubrir por si sola. Tendré que empezar a hacerme a la idea de que la opresión que siento no es otra que la de la cuerda que dirige mi camino; esa que me encadena a la vida y me priva de la libertad.


P.D.: Suerte que al menos todavía me queda este rinconcito. En China, ni eso. Hasta los blogs se consideran ya en el Gigante Asiático como un atentado contra la libertad.

Cambiar De Aires



Un caos. Esta es la situación que impregna mi vida en estos últimos días. Dicen que no soy yo. Que no parezco la misma. Pero, aunque lo niegue día tras día, segundo a segundo, tienen razón. Me repito constantemente preguntas que no me llevan a ninguna parte, buscando respuestas que sé que, al fin y al cabo, sólo las conozco yo. Pero, ya sea por miedo a encontrarlas o por querer cegarme en mi verdad, no consigo encontrar el camino adecuado. No sé cuál escoger. No sé que me retiene aquí. En teoría muchas cosas, pero a la práctica todo es distinto.

Todo lo que tengo podría esfumarse en un segundo si yo quisiera. Unas veces me apetece, otras no. Me apetece abrir una etapa nueva en mi vida, aunque sé que por fuerza ésta va a llegar, y no demasiado tarde. Talvez demasiado pronto. No puedo estar sin mi familia, sin mi... ¿mi, qué? Ni tan siquiera sé lo que somos tú y yo. Tampoco puedo estar sin mis amigos –y confidentes a la vez, más de lo que creen–, sin ver el mar más de una semana seguida. Sin apreciar su tranquilidad. Y notar esa sensación de libertad y grandeza a la vez. Me gusta donde estoy. Pero no me siento bien conmigo misma. Hay veces, y hoy es una de ellas, en que me apetecería irme lejos, cambiar de aires, empezar una vida nueva, sin nada que temer, y luchando por lo que ansío más a cada segundo que pasa. Quiero irme, e irme lejos. Al otro lado del charco, como se le suele decir. Quiero perderme en otras costumbres, en otras tradiciones, en otra forma de vida.

Quiero vivir en el paraíso de la libertad que es a la vez, el menos libre de todos. Pero necesito escabullirme, convertirme ahora en un número más de un gigantesco mundo que desconozco. Y lo necesito, porque sé que es ahora el momento de encontrarme a mí misma. Sé que hasta que no lo haga, nada volverá a ser igual. Necesito ver la belleza de las cosas más esenciales sin quedarme tan solo con lo superficial. Necesito darme cuenta de las miles de cosas que ahora pasan por alto en el rincón de mis pensamientos que dedican parte del día –y de la noche– a descubrir que me está pasando. Y, en resumen, necesito cambiar.

Nadie quiere oír hablar de que me vaya. Ni mi familia, ni mi hermano –él, pese a sus 6 años, es el único que hace que pueda olvidarme de todo–, ni mis amigos, ni tan siquiera la persona que ocupa gran parte de mis pensamientos. Aunque nadie dice que sea para bien. Y es eso lo que en parte me molesta. Me agobia. No soy nada sin ellos, pero a la vez, tú –aunque jamás llegarás a leer esto– sin darte cuenta, haces que en estos momentos yo no sea quien deseo. Y haces que me aparte del amor, de lo que siento, y de ti.

Faltan dos meses para que decida hacia donde cambia mi vida. Siento que me retienen aquí. Pero quedarme tan solo sería la solución más cobarde. ¿La otra? Amar en silencio, y tal vez a quien no debería. Tal vez también por eso quiero irme.

Cambios Donde Todo Sigue Igual

Hoy es la última vez que escribo desde estas cuatro paredes, decoradas a mi manera, que componen lo que me he permitido el lujo de renombrar como "mi pequeño refugio". Esta habitación, en la que tanto he reído y llorado; en la que me he aislado del pequeño mundo que me rodea para sentirme más cerca de mí misma, pasará a formar tan solo parte de mis recuerdos.
En este humilde rincón he vivido tantas sensaciones sin apenas valorarlas... He sufrido mucho, y he aprendido más aún. Me he reído de las pequeñas alegrías de la vida, que me han ayudado a sentirme particularmente feliz unos días más que otros. Es como si fuera una especie de diario personal. Ella escuchaba y callaba, dejaba que me desahogara a mi antojo para protegerme con esos muros que, aunque parecieran derrumbarse conmigo en algún momento, siempre estaban allí... firmes, fuertes, robustos, para demostrarme que cuando uno cae, siempre puede levantarse y hacerse más fuerte. Me ha visto caer tantas veces... pero siempre me ha ayudado a subir de nuevo. Hoy soy yo quien va a ver caer esas paredes, y no podré hacer nada para levantar de nuevo el muro que me daba fuerzas para seguir levantándome.
Mi refugio dejará de serlo. Esta ventana, colocada a mi izquierda, dejará de mostrarme el cielo azul por el que asomaba su reflejo, para dejar tan solo escombros. Todo desaparecerá y, sin embargo, seguirá todo igual.
Mis abuelos construyeron la casa con sus humildes sueldos, con sus más que costosos esfuerzos. Y lo dedicaron todo a su pequeño sueño: su "casita". Estaba todo como ellos mandaron hacer. Y el resultado fue más que satisfactorio para sus tiempos. Tres plantas, una gran terraza, un patio donde las flores bailaban en primavera... Todo estaba a su gusto. Un gran sótano donde cualquier persona hubiera podido montar el negocio soñado. Una primera planta con un patio, cuatro habitaciones, dos baños y demás. Y la planta superior, con tres habitaciones más, y una gran terraza, la más alta de la zona, acompañado de su baño.
Todo era genial. Les fue tan bien que incluso en el suave verano de aquellos tiempos los turistas se peleaban por ocupar cualquiera de las tres habitaciones de la planta superior que se alquilaban. Hicieron muchas amistades gracias al estupendo carácter de mi abuela. Era más que buena persona, en eso coincide todo el mundo, pero desde que falleció nada ha sido igual allí. Las amistades continúan: holandeses, alemanes, una familia taiwanesa, barceloneses... gente de todas partes a las que mis abuelos trataron como familia, y que hasta hoy aún venían a visitarnos tan solo para recuperar parte de aquellas conversaciones que se produjeron cuando yo aún no había nacido.
Pero todo cambia y, paradógicamente, todo sigue igual. Los tiempos van cambiando. Mi abuela, en paz descanse, estaría orgullosa de ver las palabras de afecto que todo el mundo le dedica. Yo tenía 6 años cuando falleció pero hoy, 16 años después, sigo queriéndola como cuando era una niña. Pero esta casa sin ella no es lo mismo. Mi abuelo se resignó a venderla por los buenos recuerdos que persiguen sus días. Allí estuvieron conviviendo sus padres, familias que se convirtieron en parte de la suya... Allí estuvo su mujer, su abuela... Y hoy todo aquello que está aquí con nosotros pasará a nivel del suelo, bajo estellos de lo que un día soñaron y hoy queda en el recuerdo de quienes formaron parte de ello.
Todos tendremos que acostumbrarnos porque, como dicen, todo cambia y, a la vez (me permito añadir), todo sigue igual. Porque los recuerdos, como suelo decirle a mi abuelo, nunca se quedan en un sitio, sino que se van con la persona.
Y hoy empieza una nueva vida, en un sitio distinto, en la que todo será diferente y, a la vez, seguirá siendo lo mismo.

Ay! El amor...

Hay veces en que mi vida parece ficción, una obra de teatro de la que no soy más que una simple espectadora. Miro alrededor, me detengo, me pongo a pensar, a conjeturar… Permanezco al margen. Y me quedo con las historias que más me sorprenden por su sencillez, por su origen y su evolución, por su esencia.

Ella está enamorada hasta los huesos. Yo diría que él también. Pero, al contrario que una carrera donde todos los participantes se apresuran a encontrar la meta con impaciencia y descontrol, en su trayectoria particular los dos esperan que el otro dé el primer paso. Ella no puede. Él tampoco. Por distintas circunstancias. Pero esa especie de juego que los dos comparten parece haber llegado a un punto donde a gritos ella pide que deje de ser eso, un juego. Talvez él también lo piense, pero la única manera de gritar su secreto a voces es con el silencio.

Y es que muchas veces las cosas no son tan sencillas como nos las imaginamos. Detrás de la mirada de ella se esconde un torbellino de emociones y sentimientos que se resumirían en no más de cuatro letras: amor. Detrás de cada sonrisa, de cada gesto, de cada palabra, de cada juego de miradas que ella le dedica se esconde lo que su corazón no le permite expresar. Él seguramente no tiene ni idea de todo esto. Pero ella tampoco sabe nada de lo que hay dentro de él. Se miran, se sonríen, se compenetran bien, pero por las circunstancias en las que se encuentran, decirse las cosas callando es lo único que se pueden permitir.

Se ven a diario, y se hablan en ese lenguaje que tan sólo ellos dos conocen. Y mientras, los demás no somos más que espectadores que piden a gritos que la escena termine con el beso final. Ella lo quiere, lo desea, y lo daría todo por él. A mi parecer, él comparte sus sentimientos. De lo contrario, nada sería como está siendo. Y la situación no conllevaría tanto misterio. Así que, como toda buena novela de amor merece un buen final, el de esta historia no podría ser otro que aquell que sus protagonistas esperan.



P.D. Dedicado a mi Cristi, jeje ;) Perquè aconsegueixis allò que has d'aconseguir ;) Quan surtis per la tele... Enrecorda¡t de tot això :p T'estimo wapa!

Nada Interesante

Días vacíos. Vacío sin sentido. Sentido que no me lleva a ninguna parte. Y es precisamente ahí, en “ninguna parte”, donde van a parar la mayoría de mis días últimamente. No hay motivación alguna, fuera de aquello aparentemente importante, que me lleve a sonreír. No me refiero a dibujar una sonrisa en mi rostro. Eso puede hacerlo cualquiera en un vago intento de simular ser feliz. Me refiero a sonreír por dentro. Esa es la más difícil de las sonrisas. La más complicada, pero la más sincera. Pues en fin. En mi alma estos días no hay lugar para risas. Pero que más dará…

Recuerdos que parecen borrarse. Torpes y fugaces fotografías que se plasman segundo tras segundo en mi subconsciente. No las veo con claridad. Sé quien las protagoniza. Pero no sé si deseo volver atrás. No sé si sigo queriendo coger el tiempo y pararlo en ese instante en el que todo parecía ser perfecto. Pero la perfección no existe. Así que no sé que debo hacer.

No sé lo que siento, ni como lo siento. Estoy confusa, y a la vez rabiosa por estarlo. Tendría que estar lamentándome de lo que he perdido, de lo que he dejado escapar. Pero estoy indiferente, ausente, bloqueada. Intento no pensar, y pienso más de la cuenta, perdiéndome en temas absurdos que ni me interesan ni me dejan de interesar. Huyo de lo verdaderamente importante. Camuflo mis problemas. Difumino mi identidad. Pero dejo la puerta entreabierta. Ni la abro, ni la cierro. Dejo la historia por la mitad. Me da miedo ponerle un final. Para bien o para mal. Pero ahora no me veo capaz. Estoy perdida en mis propios pensamientos, navegando a la deriva, sin un destino fijo, sin unos pasos marcados, sin una solución que se asome por donde alcanza mi vista.

El tiempo me oprime, me obstruye el paso con fluidez, me obliga a pensar rápido, y más rápido. Su cuenta atrás particular me deja a entrever que ya no hay tiempo. Que nada es eterno, y que no hay ninguna razón por la él, dueño del día a día, tenga que hacer una excepción conmigo. Con él no hay preferencias. Y lo estoy percibiendo. Será cuestión de adaptarse a su compás.

Los Dos Caminos Del Futuro

Suelo perder el tiempo pensando en el futuro. Mirar el techo mientras se difumina dando paso a mi mañana ideal. Un mañana que nunca llega. Ya lo dice la misma palabra: futuro.
Pero no queda tan lejos. Me relajo pensando que siempre vivo en el presente, mientras el tiempo avanza dejando paso al futuro que solía imaginarme diez años atrás, cuando era relativamente pequeña. Debo añadir que no se parece en nada.
Y me doy cuenta de que he perdido parte del tiempo que tenía para forjarme la vida que deseaba.
A menudo mi "yo" intenta dividirse, otorgándome el protagonismo de decidir hacia dos caminos tentadores, pero distintos. Una parte de mí desea quedarse como está. Es lo que suele llamarse conformismo. Yo añadiría otras muchas razones: miedo a arriesgarse, temor a los cambios, cobardía ante el posible fracaso. Esa es la razón por la que me levanto cada día pensando que vivo la vida que he elegido. Pero no es así. Vivo la vida que me es más fácil. Si no fuera de esta manera, no vislumbraría ese otro camino que parpadea en el techo de mi habitación. Y es que en mi día a día, pocos cambios hay, excepto la fecha del calendario. Es rutina, o talvez el futuro que me espera. Pero sé que si tuviera más agallas de las que tengo, no estaría aquí. Estaría caminando por la ruta alternativa. Esa que soñaba desde pequeña.
Talvez no es más que fruto de los pájaros que viven asentados en mi cabeza desde mi más tierna infancia, pero la tentación por saltar de un camino a otro es tal que cada día me planteo el cambio.
Sueño con irme lejos... Al otro lado del atlántico. Preferiblemente Nueva York. Pero cualquier escenario alternativo me serviría: San Francisco, Dallas, Canadá... Tampoco me importaría Atlanta, Nueva Zelanda, California. La cuestión es irse... Lejos. cambiar de aires, de costumbres, de continente. Y empezar una nueva vida. De lo que fuera. Aprender de nuevo todo lo que sé. Ponerlo en práctica. Y con el tiempo ir centrándome en mi nueva vida y trabajar de lo que sé. O debería saber. Mezclarme con otras culturas, aprender de lo que carece la sociedad en la que me he criado.
Lo triste es que básicamente eso se reduce a un sueño por el acomodamiento que actualmente tengo. No sería capaz de dejar a mi familia, a mis amigos, a mi pareja. Lo sé. Si fuera por lo demás, hace tiempo que habría abandonado todo y cuando tengo para empezar mi nuevo futuro reducido al presente que llevo soñando desde hace años.
Pero ese futuro que sin darme cuenta se me ha echado encima, se reduce a un intermitente mosaico que adivino cuando mis ojos se pierden en el techo de mi habitación. Lo ideal sería dar un salto al mosaico y sentar mi nueva vida. Pero eso es algo que sólo la fantasía de Mary Poppins puede permitirse. Mi paraguas, lo dejo para cuando llueve. Por desgracia.

Tentación

La Mejor Manera De Librarse De La Tentación Es Caer En Ella (Oscar Wilde)


Invita a la palabra prohibida, a los labios que callan y ocultan aquello que de una manera u otra sigue persistiendo en el pensamiento. Produce un estado de inquietud y a la vez picardía. De nervios y al mismo tiempo indecisión. Sí, es la tentación, aquella manzana que un día aparece en nuestras vidas para posicionarnos al lado de Eva o Adán, depende de la elección de cada uno.

¿Quién, a estas alturas, no ha saboreado esa dulce o amarga manzana que le remueve el gusanillo en el estómago? Cada cuál es libre de elegir caer en ella o no. A veces me da motivos para sentirme independiente pero otras veces, en cambio, me quita esa libertad que a menudo anhelo. Ella es ese ingrediente un tanto picante que siento que algunas veces le falta a mi vida. Es, como decía antes, esa palabra prohibida que precisamente por el simple hecho de ser “prohibida” me incita a probar de la miel de sus labios.

Pero a menudo llamo a su puerta y, cuando la abren, me echo a correr. Se podría deducir de aquí, pues, que a menudo suelo sentirme tentada… Cierto. Pero, como decía Mary Anne Evans, novelista británica, Nadie está graduado en el arte de la vida hasta que no ha sido tentado. Por esa sencilla regla de tres, yo tendría que ser maestra si hubiese una asignatura con dicho nombre: tentación. Suena bien cuando lo pronuncias. Suena sensual, desafiante. Y los desafíos no me asustan en absoluto. Pero reconozco que suelo echarme para atrás cuando veo que esa tentación a la que he estado provocando, se acerca más de la cuenta.

Si ella no hiciera su puntual y fugaz aparición en nuestras vidas cada <X> tiempo, la rutina sería más que predecible. Por eso yo le agradezco, aunque decida no tirarme de cabeza a la piscina, que alegre un poco más mi vida. Que la altere, que la haga impredecible, que me someta a un estado de caos y bienestar a la vez, y que haga sentirme única, enérgica, y con ganas de comerme el mundo.

Así que, por último, una recomendación. Tienta y déjate tentar. Es un dulce aliciente que aporta ese toque de picardía que muchas veces falta en el día a día. Escoge si caer en ella o no. Pero síguele el juego hasta sentirla cerca. Muy cerca. Hasta el punto que te intimide y te quite la respiración. Mírala a los ojos, desafíala con tu arte de seducción, y ciérrale la puerta. Con ella dentro o fuera, pero ciérrasela. Será la única manera de dejar paso a otra nueva tentación.

Alimentándome de sueños

Adiós preocupaciones. Adiós stress. Por el momento, claro. Hola rutina. Hola día a día. Volvemos a encontrarnos. Ya era hora. Ese escaso mes de ausencia relativa parecía interminable. Pero todo tiene un final, y el mío no es otro que el principio del comienzo, el inicio de la cuesta abajo. Y eso me lleva a preguntarme varias cosas. ¿Qué haríamos sin la esperanza, sin la motivación, sin la fe, sin la ambición? No. Este no es uno de esos posts cursis en que a veces puedo haber caído sin echarle cuentas. Este es un post reflexivo, que busca respuestas, aunque no sé si voy a encontrarlas.

Todo empezó al nacer. Desde pequeñita he deseado con todas mis fuerzas ser mayor (ahora, en cambio, desearía ser pequeña de nuevo), he deseado crecer, ser adulta, tener mi propia vida, vivirla a mi manera. Hoy ya hace 21 años de eso, y empiezo a ser mayor, adulta, a tener mi propia vida y a vivirla a mi manera. He pasado 4 años estudiando fuera de casa, sin ver a mi familia y amigos. Pero cada domingo al irme sabía que al viernes siguiente volvería a verles. Y eso me motivaba para seguir haciendo lo que hacía. Desde los diez o doce años soñaba con ser como esos periodistas que escribían en los diarios que mi padre leía. Y ahora me quedan tan solo 4 meses para ser como uno de ellos. Ahora estoy recogiendo los frutos que hace tiempo sembré. Desde el momento en que empecé a pensar con la cabeza supe que cada momento que viviese sería distinto al anterior, pero no por eso mejor, ni peor. Simplemente, sé que tengo que vivirlos todos al máximo por si a caso. Por si a caso no regresan otros de iguales, quiero decir.

He pasado momentos de confusión, momentos de tristeza, momentos turbios en que nada ni nadie tenía sentido para mí. Días llorando por situaciones que ahora me parecerían ridículas por los/las protagonistas de la acción. Me he venido a bajo por quien no lo merecía. He naufragado por el caos que en ocasiones reinaba en mi vida. Pero siempre he encontrado un buen motivo para volver a mi estado natural. Para volver a ser yo; esa chica alegre que a penas piensa en las cosas más de la cuenta. De esa chiquilla queda ya más bien poco. Cada vez soy más consciente de lo que hay y de cómo está todo ahora, pero eso no me impide levantarme cuando caigo, y seguir siendo feliz.

Y sé gracias a quien es. Sé que sin la ambición –sana- no estaría luchando tanto por lo que quiero. Sé que sin la esperanza y la fe no haría lo que hago con tanto empeño e ilusión. No buscaría tampoco un buen motivo para sonreír cuando aparentemente no lo hay. Pero sí que está. Siempre está aunque no lo veamos. Y sé que sin la motivación no podría estar donde estoy. Es decir, en ese estado ficticio de falsas ilusiones que pueden convertirse en realidad de un momento a otro.